Esta noche

Sofía Vergara, como Claudia Pritchett en la serie “Modern Family”

 Esta noche en los baños públicos unisex no había nadie. Corderito se había dormido en el carrito y yo necesitaba urgentemente una visita a la taza urinaria. Entonces, demasiado tarde, me di cuenta de que había dos hombres con rostro ceñudo y camisas claras y al menos uno de ellos armado, con la pistola enfundada bajo la axila. Intenté calmar mi mente pensándome que eran policías, y como estaba muy cerca de ellos, no me pareció prudente huir…pero no tuve más remedio que hacerlo porque cuando me vieron, creyeron que les había estado espiando o les había oido hablar de sus secretos..

Pruedentemente, había metido el carrito en uno de los servicios, y pensé que estando el bebé dormido, no iban a saber de su existencia. Me vieron sólo a mí.

Se acercaron bastante cabreados y uno de ellos, el que no sabía si estaba armado o no, blandió su pistola, confirmándome que sí tenía una también, y la apretó contra mis costillas.

-Te vamos a matar- Dijo muy serio

-¿Por qué?- Pregunté muerta de miedo.

-Porque sí. Nos has pillado en mal momento, sencillamente, y nos gusta matar, a veces sin razon alguna-

Quitar una vida porque sí, a una madre…estaban locos, eran inmorales, hablaban en serio…el otro hablaba lo mismo con su silencio.

De repente y sorprendiéndolos a ellos, y mucho más a mí misma, pegué un salto y corrí escapando para salvar mi vida como alma que lleva el diablo. Nunca había corrido tanto. “Corderito, voy a despistarlos, voy a alejarlos de los baños y luego volveré a por tí”. Pensé.

Ellos me siguieron, yo me escondí al llegar a la carretera, tras unos matojos. Repté por los caminos sabiendo que iban tras de mí, buscándome, y que los había despistado por el momento, aunque la batalla no estaba perdida para ellos.

Agazapada, llegué a un campo de tiro, donde más hombres armados practicaban su puntería sobre blancos humanos dibujados en una diana. Uno de ellos me vio, leyó en mi rostro que estaba en apuros y le conté lo que me pasaba. Necesitaba ayuda pues estaba en peligro…y también mi hijo.

El desconocido me proveyó de un arma, con generosidad, y me dijo: – Ve a por tu hijo y ya me la devolverás-

Así que volví a los baños, pero Corderito ya no estaba. ¡ Se lo habían llevado! En lugar del carrito, había otro hombre esperándome, que era de la banda de los dos primeros.

-Entrégate y le perdonaremos la vida al niño-

-Cuando me entregue nos mataréis a los dos. No soy estúpida. Me habeis intentado matar. ¿Donde está mi hijo si no quieres que te mate a tí?- Le dije sacando el arma prestada.

El hombre no pensaba delatar a sus compañeros…Al contrario, vi que él también estaba sacando una pistola y me puse nerviosa, por lo que intenté dispararle como defensa propia, pero nunca había usado un arma y como tenía el seguro puesto no sabía quitarlo…empecé a apretar el gatillo, a manipular el arma para desatascarla, mientras el otro hombre sonreía  y cuando estaba a punto de dispararme él a mí…..PUM!!!!! conseguí quitarle el seguro ni sé bien cómo y el macarra violentamente cayó al suelo. ¡Lo había matado! ¡Yo que no había matado nunca una mosca!

Pero seguía sin recuperar a mi niño…y ya nunca sabría dónde lo tenían escondido. Devolví el arma al hombre del campo de tiro, volví triste a casa y se lo conté a mi familia.

Mi hermano me reprendió. – Idiota! Has matado a uno de los suyos. Como venganza, elllos asesinarán a tu bebé. Ese niño ya está muerto- Comprendí que tenía razón.

Había podido disfrutar 9 meses de la existencia de mi hijo en el mundo, y a partir de ahora tendría que seguir adelante viviendo tan sólo con su recuerdo. Me acordé de cuando en momentos de estrés había pensado en lo bien que estaba yo antes de ser madre, cuando no me ataban las responsabilidades y me sentía libre. “Ahora vuelvo a ser libre, y sin embargo no soy feliz. Le voy a echar mucho de menos, y nunca le olvidaré. No volverá a iluminarme la luz de sus ojos, ni volveré a ver su sonrisa, ni a escuchar sus balbuceos.” Pensé con dolor. Me sentí culpable por haberle abandonado a su suerte, me sentí tremendamente egoista, podría haberme quedado y peleado a muerte por él, pero sobretodo, sentí un gran vacío en el corazón. Perder un hijo es terrible y yo lo sentí esta noche.

Esta noche, cuando abrí los ojos y te encontré a mi lado en la cama, sano y salvo, me llené de alegría como nadie puede imaginar. Había sido una pesadilla, pero me ha servido para prometerme a mí misma que nunca te dejaré atrás, nunca te dejaré solo cuando me necesites, siempre te protegeré, porque tengo muy claro que no te quiero perder, y que prefiero una y mil veces mis tribulaciones de madre estando a tu lado que no ser madre y disfrutar de la vida sin tí.

 

 

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